[2011] : La Porta Classica

Las discográficas están muy lejos de ser marcas infalibles pero, a veces, teniendo en cuenta sus trayectorias, podemos hacernos una idea de la calidad del producto. Cuando Naïve, sello que se define como 'ecléctico' a pesar de editar fundamentalmente discos de música clásica (cuenta con algunos de los intérpretes más renovadores del panorama musical), se decide por un título como Odisea negra, que firma el conjunto La Chimera con Eduardo Egüez, merece la pena cuanto menos detenerse y prestar oído. Lo que encontramos es la empresa más ambiciosa y al mismo tiempo más espontánea y natural, a tenor de los resultados: una fusión de la tradición mediterránea, con la presencia de algunos de sus instrumentos más antiguos (tiorba, laúd, viola de gamba, triple arpa), la tradición africana (música vocal de Senegal ) y, por último, la tradición criolla de América Central y del Caribe, tradición ella misma sincrética y aún así profundamente original, que incorpora formas como el son, el bolero o la habanera. Podría pensarse que con estos mimbres el resultado obligado habría de ser un CD de diseño, sumamente artificioso, por no decir artificial (en otras palabras, uno más a sumar a los abundantes casos de hiperproducción, en que los estudios hacen más bien de laboratorio y la famosa fusión raya con lo cansino). Nada de eso, afortunadamente, sucede: aquí no hay un diálogo forzado, ni la tan habitual pretensión de pseudo-arqueología musical; lo que hay es músicos de gran sensibilidad, que conjugan sus respectivas formaciones con una discreción encomiable. En esta Odisea negra, subtitulada El mar de las memorias, se tiende a priorizar el minimalismo, las instrumentaciones delicadas (con momentos también para el jolgorio ritual y el esparcimiento de la danza). Una lograda búsqueda de concordancias naturales que se impone al oyente sutilmente, sin que pueda oponer resistencia. Lejos de representar una recopilación etnográfica, en su creatividad, en la re-creación conjunta de las respectivas tradiciones musicales esta grabación logra reflotar un común espíritu: la noble pretensión de comunicar a partir de ritmos y melodías que se encuentran remota pero, con todo, inequívocamente emparentados. El mito del retorno a los orígenes, el periplo que simboliza esta odisea confirma la verdad poética que Cavafis concibió en su Itaca.

Jacobo Zabalo

[2011] : Diverdi.com

Se ha dicho y escrito tanto sobre el mestizaje y sus bondades en el mundo de la creación que parecería reiterativo presentar un espectáculo musical con este perfil sin verse rodeado de lugares comunes. Sin embargo, el planteamiento de esta Odisea negra, de este “Mar de memorias”, exhibe tal calidad de acabados, tal convicción en los puntos de partida, que resulta imposible no premiarlo con todo tipo de elogios. Se trata de un proyecto verdaderamente hermoso, de colorido explosivo y rejuvenecedor carisma. El trayecto Europa-África-América constituyó durante siglos la senda del triángulo aberrante del comercio de esclavos, la piedra angular de un sistema económico que exigía libertad, igualdad y fraternidad para la metrópoli, pero se aferraba a la más primitiva y despiadada práctica de explotación en las colonias. Y la Música (la mayúscula importante) la recorrió con ellos, con los cautivos, subida en los barcos negreros, caminando en los mercados y plazas, ofreciendo su bálsamo en las plantaciones y latifundios, conviviendo con la suerte del mestizo, del mulato, del zambo, regalándoles pulsos y aires para danzar, materia para llorar su suerte, lienzos para estampar su nostalgia, maderas para tallar su vida. El guitarrista argentino Eduardo Egüez capitanea este viaje estimulante, en el que escuchamos un crisol de instrumentos más allá de las fronteras de la música antigua: violas de gamba, archilaúd, arpa triple, pero también marimba. Escuchamos voces, poemas, sones, bailes cantados, cantos bailados. Escuchamos Música (la mayúscula es importante), de aquí y de allá, de ida y vuelta, como dirían en el Flamenco. Música negra y blanca, caribeña y mediterránea, también atlántica, música de la costa y del interior, de la humedad y de la sequía, escrita o recordada, elitista o popular. Música con el horizonte como único apellido. Música al fin (la mayúscula es importante).

[2011] : HIFI Live

Llevo más de 30 años comprando música y en todo este camino, uno se va cruzando con una serie de pequeños y medianos sellos que te van robando el corazón de melómano y curioso empedernido. Uno de estos es NAÏVE, un sello que cumple 3 cosas fundamentales para requerir mi atención: calidad artística y repertorio, intérpretes de primer nivel y calidad técnica. El proyecto del guitarrista argentino Eduardo Egüez, es atrevido y un cúmulo de sorpresas agradables a medida que vas adentrándote en el cd… El trabajo en cuestión plantea un viaje musical por Europa, África y América donde se dan la mano un son, un merengue, una jácara o un canto de la tradición senegalesa con asombrosa naturalidad. Este tipo de propuestas, el mestizaje, la fusión, las músicas del mundo, me dan mucho miedo: te puedes encontrar un disco brillante y genial como éste, o una castaña infumable… por suerte nos encontramos en el primero de los casos. La instrumentación del ensemble La Chimera combina violas de gamba, arpa, violín, violoncello, varios instrumentos de cuerda pulsada con kora y varios tipos de percusión, además de cinco cantantes. Lo dicho, un viaje apasionante, estupendamente grabado que a quién se atreva a dar el paso, le hará sentir un viaje por el
mundo sin salir de su sala… te lo vas a perder?. Saludos.

Gabriel Quesada

[2010] : El Comercio (Asturies)

Ayer en el Jovellanos, la compañía La Chimera nos permitió un viaje al fondo de nosotros mismos. Una odisea afro-caribeña que haciendo dialogar músicas ancestrales y modernas, supo explicarnos con deleite que la alianza de las civilizaciones no es un sueño, sino que ha estado siempre presente en la nobleza del arte y los artistas. 'Odisea negra. El mar de las memorias', fue el título de la función, que se estrenaba en España. El concierto, que trae a la memoria la puerta de los esclavos en las mazmorras de Gorée (Senegal), se desarrolló bajo la dirección de Eduardo Egüez -que también hizo de intérprete con la guitarra y el laúd- y los espectadores -sólo 350- navegaron océanos y cruces culturales seculares, en los que se dio voz, trenzando tirabuzones en el espacio y el tiempo, a los griots africanos (trovadores/hechiceros), a la música polifónica centroamericana del siglo XVI y al sincretismo resultante en el Caribe tras la fusión de inspiraciones entre la negritud y los conquistadores europeos. Desde el joropo al son fueron transitando por un escenario con el suelo de arena y al que llegaban el sonido del mar. Percusiones y cuerda variados, teniendo en el canto a dos venezolanos, una cubana y un senegalés. Una velada tan exquisita como instructiva, que arrancó con las 'Quimeras' instrumentadas por Egüez, para seguir con 'Sombras que yo sólo veo', 'África de las selvas húmedas' o '¡Qué de barcos!..., a ritmo de merengue y bolero. La música como redención de la esclavitud, en un espectáculo ovacionado muy merecidamente.

Alberto Piqueros